Caso 2.
El caso no tiene desperdicio, prácticamente se dan todos los tipos de acoso posibles, físico, psicológico y ciberacoso. Respecto a éste último, la difusión puede llegar a ser de tal magnitud que la víctima tenga esa sensación de "inescapabilidad", de indefensión... "vaya a donde vaya todo el mundo me conoce, conoce a mi familia...".
Dado que en este país raro es que no se haya oído hablar de las Redes Sociales, lo primero que necesitamos es contextualizarnos, dónde está ubicado nuestro centro, ya seamos profesionales de la educación o padres. Las redes tienen una influencia mayor o menor en función de la localización y, evidentemente, si tenemos que informar a los padres sobre los riesgos de internet dicha localización será importante de cara a llegar al mayor número de familias posible. A partir de ahí, un buen comienzo son las cuestiones legales, repercusiones para los menores y para sus progenitores (edades legales, sanciones...).
En cuanto a los valores, ¿no deberían ser los mismos frente al acoso que al ciberacoso?. Para empezar el respeto, es la base de cualquier convivencia. Desde mi punto de vista es fundamental desarrollar la empatía, como valor, como herramienta, como capacidad... lo que sea, pero desarrollarla. Y, a partir de ahí, la compasión, la tolerancia, la valentía, la honestidad,...
A los acosadores hay que educarles, hablar con las familias y que hagan hincapié en los valores y principios que desean que sus hijos desarrollen, darles pautas de cómo trabajar esos valores en casa y comprobar que, efectivamente, en la familia es ese el tipo de principios que tienen.
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